10 de julio de 2018

Telegrama a Roberto Martínez

Destinatario: Roberto Martínez, seleccionador de la Selección de fútbol de Bélgica en el Mundial de Rusia 2018
Ocasión: primera semifinal del Mundial, donde Bélgica ha caído eliminada

Estimado señor,

Ha conseguido usted que los españoles tengamos cariño a la selección de Bélgica. A pesar del dolor que nos produce a muchos su camiseta, después del partido en el que Jean Marie Pfaff apeó en el penalty de Eloy a la España de Butragueño, el héroe de Querétaro. Venía España de aplastar a la Dinamarca de Morten Olsen, Frank Arnesen, Soren Lerby y un joven Michael Laudrup. Pero se topó con Bélgica. Pfaff.

Muchos españoles supimos lo que era la derrota en el fútbol por aquel partido. Y eso es algo que se arrastra como una cadena al tobillo. Después vinieron los fiascos de Zubizarreta, que nos echó él sólo de dos mundiales. Pero ya estábamos curados de espanto. Por Bélgica.

A pesar de ello, en este mundial, muchos hemos disfrutado con el fútbol de su selección. Hazard, De Bruyne, Courtois, Lukaku... hasta Fellaini nos hace gracia. Pero, sobre todo, usted. El emigrante.

Y es que su figura nos ha despertado una enorme simpatía: la del que no fue apreciado en España y marchó al extranjero para vivir su pasión primero como futbolista y luego como entrenador, que fue capaz de labrarse una carrera prestigiosa desde la nada en un país tan complicado como Inglaterra y que, luego, pasó a una selección para dirigirla con brillantez. El anhelo de cualquier currito patrio: demostrar de lo que uno es capaz, aunque tenga que ser fuera porque aquí no le dejan.

Ya lo decía el Cantar del Mío Cid hace 800 años: qué buen vassallo, si oviesse buen señor!

Es usted otro héroe español. Lástima que, como suele pasar también en España, pase a ser vencedor moral del Mundial.

Un abrazo fraternal,

Julián Alberto Martín

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